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Construyendo un mundo mejor: asistencia humanitaria

13.08.21

El 19 de agosto se celebra el Día Mundial de Asistencia Humanitaria, gracias a un decreto oficial establecido por la ONU y cuyo principal objetivo es rendir un especial homenaje a todos los profesionales de la salud y trabajadores humanitarios, que a pesar de los obstáculos, continúan realizando una hermosa labor en pro del bienestar de millones de personas en todo el mundo, así como también, a todas aquellas que han sido asesinadas cumpliendo sus funciones.

El origen de esta celebración se remonta al año 2008 cuando la Organización de las Naciones Unidas decretó este día en conmemoración del atentado terrorista perpetrado en Bagdad, Iraq el 19 de agosto del año 2003 contra la sede de esta emblemática organización y que causó la muerte de 22 personas, incluyendo a uno de sus miembros, el diplomático para la ONU, Sergio Vieira de Mello.

La ONU es la principal organización mundial para gestionar la ayuda humanitaria es la ONU, a la que la comunidad internacional confía la coordinación de las operaciones en las zonas donde la capacidad de las autoridades locales no es suficiente para hacer frente a la situación. Las organizaciones vinculadas a la ONU como ACNUR, UNICEF, OSCE, OMS y el programa mundial de alimentos disponen de fondos que aportan los países que participan en ellas y de donantes privados y desempeñan una labor fundamental a la hora de prestar la asistencia humanitaria y coordinar la respuesta a las emergencias.

En el caso de la Unión Europea, la ayuda humanitaria es uno de los ámbitos más importantes de su acción exterior. Es el principal donante de ayuda humanitaria del mundo, aportando una gran parte de los fondos mundiales de ayuda para emergencias. Si bien una parte de los fondos procede directamente de los estados miembros, la mayor parte sale del presupuesto de la UE, que para el periodo 2021-2027 tiene una asignación de 10.300 millones de euros para ayuda humanitaria.

Sin embargo, la ayuda humanitaria sigue teniendo deficiencias importantes las cuáles es urgente subsanar si lo que se busca son soluciones eficaces a largo plazo. Por ejemplo, la UE no establece ella misma los programas de asistencia humanitaria, sino que financia y supervisa operaciones que ejecutan las distintas agencias internacionales y las ONG’s. Esto es algo destacable por supuesto, pero aún más efectivo sería la involucración directa de instituciones como la UE en el diseño y aplicación de las ayudas; en resumen, una participación más activa siempre respetando el papel central del Tercer Sector.

Por otro lado, la ayuda humanitaria funciona bajo los principios de humanidad, imparcialidad, independencia operativa y neutralidad y una de sus señas de identidad es que los actores humanitarios no deben tomar partido en las hostilidades y en las controversias de orden político, racial, religioso o ideológico que existen en los países de destino de la ayuda. Esto casi siempre es así, pero en algunos países se prioriza la ayuda que sirve para reforzar los objetivos de política exterior y se dedica a la ayuda a través de agencias internacionales solo un pequeño porcentaje de la parte del presupuesto que destinan a ayuda humanitaria.

A lo anterior se suma el desprecio por el derecho internacional humanitario por parte de algunos, especialmente las partes en los conflictos, y la instrumentalización flagrante de la ayuda, lo cual provoca una reducción del espacio humanitario.

Dicho esto, es fundamental comprender que la ayuda humanitaria es una herramienta central para reducir las tragedias que acontecen en el mundo. En 2020, 243.8 millones de personas en 75 países necesitaron una ayuda humanitaria imprescindible para paliar, al margen de la pandemia, las consecuencias de las desigualdades, los conflictos y las catástrofes naturales. La concienciación de los que vivimos en países desarrollados para que se preste en la mayor medida posible es necesaria, porque las situaciones que las producen no van a dejar de existir.

Y por supuesto, no podemos olvidarnos de las personas que llevan a cabo dicha ayuda y que, en muchas ocasiones, se convierten en víctimas de crueles ataques. En 2019, los ataques contra los humanitarios superaron los de los años precedentes con un total de 483 trabajadores agredidos, de ellos 125 asesinados, 234 heridos y 124 secuestrados en 277 incidentes, informó la ONU que cita datos del centro de investigación Humanitarian Outcomes. Esto representa un aumento del 18% en el número de víctimas con relación a 2018. En la década 2010-2019, los ataques aumentaron 117% con relación al periodo 2000-2009, según la ONU.

La terrible y trágica letanía de ataques contra el personal humanitario parece no tener fin: desde principios de 2021 hasta el 31 de julio, 284 trabajadores humanitarios han sido asesinados, heridos o secuestrados en diferentes lugares del mundo. Más allá de la preocupación y la movilización en redes, se necesita acción, es decir, condenas enérgicas, rápidas y claras, seguidas de sanciones severas cuando se viola el espacio humanitario. Las agresiones a trabajadores humanitarios son ataques a la ayuda que prestan y a todos los que la necesitan. Es nuestro deber proteger a las personas que velan constantemente por un construir un mundo más justo, igualitario y sostenible.

Para que sea posible prestar una ayuda humanitaria con impacto en el largo plazo, centrada en las necesidades de la población receptora y que no ponga en riesgo la vida de los trabajadores en terreno, es necesario:

  • - Evaluación inicial de las necesidades. Se determina la cantidad de personas que necesitan ayuda humanitaria y la cantidad de recursos que es necesario transportar al lugar de la emergencia.
  • - Respuesta inmediata. Una buena capacidad de respuesta puede suplir la escasez de recursos haciendo más eficaz su utilización. En 72 horas, ACNUR envía materiales de primera necesidad para la población afectada por la emergencia.
  • - Planificación de las operaciones. Es vital, antes y durante una emergencia. Para hacer una buena planificación, esta debe basarse en un análisis detallado de las necesidades y recursos.
  • - Coordinación y organización. Para que la respuesta sea eficaz es muy importante la organización. Esto implica seleccionar, formar y supervisar al personal, así como definir sus funciones y responsabilidades.
  • - Relaciones externas. ACNUR gestiona las relaciones externas con gobiernos, medios de comunicación, cuerpos diplomáticos u otros actores con el fin de informar de la actividad que se realiza. También es fundamental establecer colaboraciones con e sector empresarial.
  • - Compromiso informativo con la ayuda humanitaria. Deben existir medios, plataformas y entidades verdaderamente independientes y comprometidas con la ayuda humanitaria, para dar una cobertura veraz de las complejas situaciones que enfrentan las poblaciones desfavorecidas del planeta y también mostrar lo éxitos constantes de la ayuda humanitaria.
  • - Desarrollar y difundir buenas prácticas.
  • - Elaborar métricas de eficiencia y eficacia. Unificar los métodos de seguimiento y evaluación es clave para poder desarrollar una ayuda humanitaria realmente global
  • - Mejorar el ecosistema de la ayuda humanitaria. Esto incluye entidades involucradas, modelos de ayuda, promoción desde las administraciones públicas, participación de los colectivos desfavorecidos, etc.

La labor y desempeño de todos los trabajadores humanitarios y profesionales de la salud durante la pandemia han sido aún mayores, ya que han tenido la gran responsabilidad de atender y brindar asistencia médica y sanitaria en 54 países donde el Covid-19 ha causado verdaderos estragos. Este año la celebración tiene más relevancia porque cientos de trabajadores han tenido que poner en riesgo sus vidas para salvar la de otros. Trabajemos por una ayuda humanitaria fiable y de calidad.

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